27/08/1920. Sales y jabones medicinales.

Estas idílicas vacaciones ya están llegando a su fin. Sin duda todo pasa y en pocos días mi tía y yo regresaremos de nuevo a nuestra casa en Santiago. Tras este curso tan accidentado en cuanto a salud se refiere me veo preparado para recuperar mis clases de bachillerato. Mi tía está siempre sugiriéndome que sería un buen abogado pero yo no lo tengo aún muy claro. Por el momento estudiaré este próximo curso y me prepararé para acceder a la universidad.

En septiembre se retomarán también los ensayos del coro que dirige Bernardo del Río en el Circulo Católico. Tengo muchas ganas de asistir y explicar a Juan Rodríguez que he conocido a Mercadillo. Supongo que con los estudios dejaré de acudir como aprendiz a la ebanistería de don Germán. Necesitaré tiempo para mis tareas escolares.

Durante estos días, poco a poco y con cierta tristeza, me voy despidiendo del entorno que rodea el Balneario. Recorro el pinar, las playas, el puente, sabedor de que queda menos para la despedida. Es momento también de hacer acopio, en la tienda de la fábrica de jabones, de todos los productos que mi tía comprará para utilizar durante el año.  Los creadores del Balneario tuvieron la gran idea de comercializar jabones que contienen sustancias balsámicas y sales minerales para que los visitantes puedan cargar en sus equipajes un pedacito de La Toja y llevarlo hasta sus destinos para seguir beneficiándose de las propiedades de este emblemático lugar. Esta idea también ha beneficiado económicamente a las gentes de este sitio que han visto como no sólo se les presenta la oportunidad de jornales durante la época estival, con la llegada de turistas, sino también jornales durante todo el año si tienen la suerte de ser empleados de la fábrica de jabones.

jabonlatoja (2)
Anuncio de Jabón de La Toja. Vida Gallega (1917)

Las mozas de las poblaciones de alrededor habrán cambiado con gusto las tareas de mariscadoras por la de empaquetadoras en la fábrica. Ya no han de exponer sus juveniles cuerpos a la dureza que exige la recolección de bivalvos, sujetos a la humedad y a la lluvia de los meses más fríos. Ahora sus dedos no serán callosos, sino ágiles e inquietos, envolviendo bonitas litografías y guardando en estuches los perfumados jabones que acabarán en cualquier parte del mundo. Veinte mil pastillas salen a diario de la isla para honrar el nombre de la industria gallega y satisfacer a todo aquel que tenga como buena costumbre la higiene de su cuerpo.

jabon-la-toja-pontevedra
Salón de envolturas de la Fábrica de Sales y Jabones

 

Buenos adelantos y trabajo aporta este lugar a quien tuvo la suerte de nacer aquí. Gracias a esta industria, muchos pueden evitar emigrar a América o marchar a servir a la capital. Y así todo queda en casa, lo ganado por los jornales se gasta aquí y todos salen beneficiados.

También ganan los pobres que envían desde los ayuntamientos de toda Galicia. Gente sin recursos, escrufulosos, desgraciados llenos de pústulas, gente medio muerta, carcomidos por una enfermedad que reciben la generosidad del Balneario ofreciendo sus baños sin cobrarles un céntimo. Gracias a esto, son muchos los que marchan de este lugar habiendo vivido en sus propias carnes el milagro de la curación. En realidad no hay milagro, sino justo remedio, pero cada cual puede interpretar los motivos a su antojo.

Mis días aquí me han dado por pensar un poco en la suerte que tengo de haber sido apadrinado por mi tía y no tener estrecheces económicas que me impidan prosperar o disfrutar de ciertos lujos. Otros no lo han tenido tan fácil, incluso mis padres, de donde provengo, nunca habrían podido permitirse un mes alojados en este magnífico hotel. Este pensamiento se ha alimentado aún más tras ver los contrastes entre las personas que han estado pasando por la isla durante todo este mes. Durante estas semanas he visto a gente muy rica y a gente muy pobre. Todos ellos beneficiándose y compartiendo un bien natural: los barros y las sustancias balsámicas que la ría regala. Pero pese a compartir este regalo de la naturaleza existían barreras entre unos y otros y en realidad nunca hemos compartido el mismo espacio.

El tener o el no tener nunca debería ser más importante que el ser o no ser. Aquí en la Toja me he dado cuenta de que todos somos personas pero recibimos un trato muy diferente según lo que tengamos y creo que no me gusta un mundo de esta guisa.

¿Seré capaz de cambiar algo de esto en un futuro? ¡Sería un buen propósito!

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s