20/08/1920. Conociendo a don Víctor Cervera Mercadillo.

Los días en el Balneario están pasando plácidos y agradables. Hemos tomado como rutina realizar unos baños matutinos prescritos por el facultativo. A veces el agua es tan caliente que cuesta de soportar pero siempre intento aguantar un poco más. Más tarde almuerzo con mi tía y después busco un buen rincón para enfrascarme en la lectura de la novela que me regaló Jaime.

A la tarde, después de comer mi tía sube al dormitorio a dormir la siesta. Entonces es cuando me dedico a inspeccionar por los alrededores de la isla e incluso más allá.  El otro día, cruzando el puente me adentré en la población de O Grove y tan animado me vi que ascendí hasta la cima del monte Siradella para contemplar la belleza de la ría desde la altura. Allí hay una piedra espectacular montada sobre otra de menores dimensiones. Me subí hasta lo alto de la más grande y respiré la brisa contemplando este prodigio natural. Me sentí vivo, me sentí pletórico y me sentí feliz. Y como no, para variar, la recordé a ella, deseando que pudiera ver lo que yo estaba viendo. ¿Estaré loco? ¿Acaso tiene sentido querer compartir mis momentos con alguien que he visto una sola vez? ¿Alguien que seguramente no volveré a ver nunca?

El día de mi excursión no finalizó con la emoción de la caminata. A la noche, en la velada nocturna a la que acudimos de tanto en tanto y en la que a veces actúa el ciego de Padrenda, tuvimos una grata visita por parte del coro “Foliadas e Cantigas” de Pontevedra. Yo ya estaba al corriente porque me había adelantado Jaime este esperado evento. Pero no sólo presencié la actuación de un coro como la de tantos otros a los que expreso gran admiración, sino que además conocí a un consumado maestro, a una voz portentosa y a una persona polifacética que me motivó aún más para ingresar en este mundo del folklore.

A Don Víctor le gusta acudir por estas fechas a La Toja y participar de la animación de las fiestas en los salones de este Hotel. Mi tía, que lo conoció cuando él estudiaba medicina en Santiago, me lo presentó sabiendo que soy un gran admirador de los coros. Resulta que él, a pesar de sus estudios de medicina, ha orientado su vida hacia otro rumbo. Es un devenir parecido al de Castelao, del que es gran amigo y con el que ha participado en proyectos tan diferentes a la medicina como el rodaje de la película (Miss Ledyia) en las instalaciones de este mismo Hotel.

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Fotograma de la película Miss Ledyia de José Gil (1916)

Pero además de actor, imitador o prestidigitador, Víctor es sobre todas las cosas cantante. Y lo hace con tal fraseo y matiz que hace estremecer el alma en doloroso goce a todos los que concurran a su espectáculo. En su repertorio no solo encontraréis composiciones de Adalid, de Chané o de Baldomir que responden a personalidades únicas, con su modo individual de enfocar el arte y sentir la poesía de la tierra, sino que también, y esto es lo que más me agrada, se dedica a cantar preciosas tonadas que nacen del pueblo mismo: ahora puede entonar un sentido alalá y más tarde una entrañable mariña. Seguirá con Foliadas, cantos de pandeiro, muliñeiras… y todo con una avasalladora belleza apoyada por su robusta voz.

Cliquea para escuchar A la la. N. 4 .Cantar de Pandeiro.

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Víctor Cervera Mercadillo vestido con el traje tradicional.

Entre sus numerosos proyectos, Víctor Cervera Mercadillo era la voz solista del coro de Perfecto Feijoo que tan buenas veladas dio al pueblo y a personalidades de renombre. Pero a pesar de que este coro ya no está en activo, Mercadillo no duda en participar siempre que tiene ocasión y la anterior noche nos lo dejó bien demostrado con la visita de los compañeros de “Foliadas e Cantigas”. El coro cantó en el salón contiguo al comedor y allí no sólo fuimos testigos de la música enxebre nacida de nuestro pueblo, sino también de la vistosidad del baile con el que nos agasajó la pareja del coro que se arrancó al son de la gaita y el tamboril con singular acierto. Víctor, cuando tuvo ocasión acompañó en el canto a sus compañeros y me costó trabajo a mí mismo no correr a su vera para sumergirme como ellos, en el mismo delicioso éxtasis evocando idénticos ideales. Al final del concierto la concurrencia estalló en sonadas ovaciones y vítores.

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