10/08/2021. Más soldados para África.

Ojeando las hojas de mi diario compruebo cuan diferente está siendo este verano comparado con el anterior. Este año tía Minia no parece tener previsto ningún viaje al Balneario de la Toja, ni a Mondariz, ni a los Baños de la Coruña. La veo un poco triste por todo lo que está sucediendo en África. Estos últimos días está invitando a casa más a menudo a sus amigas, algunas de las cuales tienen hijos que han marchado, igual que Manuel, con destino a la guerra de África.

Uno de los embarques de reservistas destinados a Marruecos desde el puerto de Vigo. (Faro de Vigo)

Hace un par de días se vivió en la ciudad una nueva despedida de jóvenes que marcharon como refuerzo a esta cruenta contienda. Se hizo un gran desfile hasta la estación recorriendo Entre-Rios, la plaza de Alfonso XII, la rúa del Vilar y, atravesando la Fajera, desembocaron hacia el Camino Nuevo. En aquella zona había tanta gente dando apretones y abrazos a los soldados que apenas podían avanzar hacia adelante. Al llegar al Pilar, la banda amenizaba la despedida con emotivas músicas.

Cornes era un hervidero de gente. El andén estaba atestado y los soldados apenas podían entrar en sus correspondientes vagones. Imaginad cómo tuvieron que hacer para cargar también mulas, carros, municiones y los víveres precisos. Había un sentimiento de euforia y de excitación motivado por un patriotismo exagerado que no concuerda en absoluto con las conversaciones que oigo de las madres de estos soldados que visitan a mi tía. Supongo que si la conversación fuera entre sus padres se hablaría en otros términos. Tal vez algunos de ellos expresarían el orgullo de defender la bandera patria o la cercanía con su vástago por poder compartir los mismos sentimientos que vivieron ellos en su juventud en otros enfrentamientos bélicos. Pero entre las conversaciones de madres no se oyen tales argumentos, prima el miedo, la incertidumbre y la escasez de noticias que, cuando se producen, se escuchan con el corazón en vilo y la sensación de preferir no saber más pero querer saber todo.

Y esto es lo que sucedió en una de estas reuniones entre amigas que organiza mi tía. Allí estaba, entre otras, Joaquina Armada, la mujer del senador Gil Casares, cuyo hijo eligió voluntariamente alistarse en las filas a pesar de tener una prórroga para cursar derecho e incluso estar exento del servicio activo de las armas. Por lo visto tiene unas importantes secuelas en la tráquea, que se produjeron en una operación de urgencia que su propio padre le realizó siendo aún niño. Joaquina se lamentaba de la ocurrencia de su hijo Juan, el cual, haciendo honor del nombre de sus antepasados los marqueses de Figueroa, había escogido libremente aventurarse en el infierno Africano. Saltaba a la vista su disgusto que fue acompañado seguidamente por las lamentaciones de otras madres cuyos hijos no habían tenido tantas opciones de escoger, ni tampoco de hacer de la misma acción, un acto heroico.

La reunión se tornó mucho más emocionante cuando una de las madres sacó una carta que uno de sus hijos, sin edad de alistarse, había recibido de su amigo, el cual marchó hacia África con el primer batallón expedicionario de finales de julio, igual que Manuel.

La carta venía a decir más o menos esto:

Querido amigo: 
No tengo porqué ocultarte que el viaje desde Vigo ha tenido de todo. Fue bueno porque el mar estuvo tranquilo y apenas se notó oleaje hasta que llegamos al Estrecho; pero nuestra gente, la casi totalidad de los soldados, son de tierra adentro y apenas pisaron la cubierta del buque se marearon. 
Hubo quien al segundo día ya no sentía los efectos del mareo, pero también hubo quien desembarcó en Melilla y todavía se balanceaba como si continuase tumbado en el buque.
A los que fueron "limpiando" se les veía cada vez más tranquilos y satisfechos. 
Es una gloria tratar con estos muchachos que así sienten el cariño a la Patria. 

Melilla es una población de primer orden. 
En los seis años que hace ya que no había estado aquí aumentó extraordinariamente siendo muy próspero su comercio y extraordinario su movimiento. 
Claro que en estas circunstancias casi todo está supeditado al desembarque de tropas, ganado y municiones que llegan incesantemente; pero se advierte por todos lados lo que esto ha crecido en las edificaciones suntuosas, en las tiendas y almacenes, en las fondas y hoteles, en todo, por no andar detallando. 

En cuanto hemos desembarcado los de Zaragoza el teniente coronel Rivas recibió orden de que nos dirigiéramos a fuera de la ciudad y allí, muy cerquita de las murallas, hemos acampado continuando aún en el mismo punto pues formamos en la retaguardia de la columna del general Sanjurjo. 
Claro que todavía no hubo tiempo de que nos informásemos bien de lo sucedido aquí pero desde luego puedo asegurarte que las noticias más bien se agrandan que se disminuyen con la distancia. 
Yo no sé lo que pasaría el 22 de julio respecto al estado de ánimo de este vecindario; de lo que respondo es de que actualmente no puede ser ni más confiado ni más tranquilo.

Los grandes enemigos del soldado en estas tierras son el sol verdaderamente africano y el agua escasa y de malísima calidad.
En el Rif, que carece absolutamente de árboles, que no tiene vegetación alguna, el sol más que tostar quema.
El primer día nos molestó extraordinariamente el sol pero al día siguiente la molestia se aumentó porque empezó a soplar el Poniente, o sea, el aire de tierra con sus polvorientas ráfagas tan ardorosas como agobiantes.
Del agua te diré que es de pozo la mayor parte de la que se consume aquí y tanto esta como la de los manantiales es en extremo salobre.
¡Cuánto echamos de menos la riquísima de la Fuente del Oro o la de Morou de junto al cuartel de Santa Isabel, tan fresca, tan cristalina, tan suave!
Parece que se nos provistará  pronto a todos del indispensable Salacof y de gafas ahumadas que nos defiendan del polvo y de la luz directa así como de filtros y destiladoras para poner el agua en condiciones de ser consumida.

Tras escuchar la carta algunas madres sollozaban. Otras hacían esfuerzos por contener las lágrimas. Habían escuchado atentamente el panorama que en primera persona estarían viviendo sus hijos en aquel mismo momento. Yo, que lo más que tengo allí es un amigo, reconozco que me embarga la emoción. No quisiera imaginar lo que debe ser tener a alguien allí que salió de tus entrañas, que amamantaste y viste medrar. Tener a un hijo a quien deseas la mejor de las situaciones, el mejor de los empleos, la mejor de las posiciones… y verlo marchar a África, donde dicen que han muerto como moscas y donde las condiciones se adivinan tan severas. Vuelvo a pensar que el patriotismo es el peor de los sentimientos, el que nos lleva a los hombres a cometer las mayores estupideces y los errores más irreparables.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Lu dice:

    Que interesante, como todo lo que publicas.
    Para reflexionar, si es que aún se sigue practicando eso. 🙂

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    1. Balbino dice:

      Apreciada Lu, a juzgar por lo que estamos viviendo actualmente, puedo decir que la gran mayoría de la gente se deja llevar por emociones patrióticas que escapan a todo juicio razonable. Sí es cierto que la cultura se está volcando en rendir homenajes a los soldados, como la nueva obra de Posada Curros que refleja fielmente, con un verismo que asombra, el instante triste de la marcha de los infantes de Zaragoza a África, pero nadie proclama que esta sea una guerra absurda y al finalizar estos actos la gente proclama vítores a España, al Rey y al Ejército. ¿No se dan cuenta que este insensato nos ha llevado hasta donde estamos?

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