31/05/1920. «Queixumes dos pinos» de don Bernardo.

Hace ya algunas semanas que empecé a trabajar de aprendiz en el taller de ebanistería de don Germán. De nuevo fue gracias a mi tía. Ella me recomendó porque, tras perder el curso escolar, me veía muy haragán a mi vuelta a Compostela. —Necesitas mantenerte ocupado si no quieres acabar otra vez enfermo —me dijo…