20/07/1921. “Cantigas e Agarimos” comienza a alzar el vuelo.

el

¡Ya llegaron de nuevo las esperadas fiestas patronales! Vuelven otra vez los conciertos en la Alameda de la Banda Municipal y de la del Regimiento de Zaragoza, la hermosa y artística iluminación eléctrica que reúne a centenares de paseantes a su alrededor, la solidaria rifa de la Kermesse de la Liga de Amigos con donaciones de más de un conocido que saldrán publicadas en el periódico, la tradicional fiesta pirotécnica donde el fuego de aire dará inicio a la danza de gigantones y cabezudos que será entonada por los mismos gaiteros ataviados con traje peculiar.

Tampoco habrá de faltar, como en años anteriores, el desfile de moda, la bendición de vehículos y, como no, la Ofrenda al Apóstol que vendrá representada por cualquiera menos por nuestro “queridísimo” emperador, que este año sí, por primera vez, cuenta con excusa de peso para no acercarse a nuestra tierra. No en vano, lo que le (nos) está cayendo desde Marruecos no es para dejar indiferente.

Pero si hay algo que este año me genera especial ilusión, dejando de lado mi cumpleaños, es el poder decir que faltan apenas cuatro días (el 24 de julio) para que nuestro queridísimo director Bernardo del Río dirija nuestra agrupación frente a un numeroso y respetable público. Será en la ceremonia que representará la coronación del emperador Alfonso VII y será allí donde, por primera vez, se de a conocer el nombre de “Cantigas e Agarimos” a toda la sociedad. Me embarga una mezcla de nerviosismo y euforia, temeroso de que algo pueda salir mal, pero ilusionado por poder mostrar a mi querida ciudad el talento que hemos venido forjando al cabo de tantos meses. Para Bernardo no deja de tener cierto simbolismo poder renacer un proyecto que quedó truncado por la fatídica pandemia. Estoy convencido que en ese momento, tras ese semblante serio y firme, que nos mantiene a todos inmovilizados obligándonos a no perder su mirada, latirá una pequeña emoción que estará recordando a los amigos que quedaron por el camino y no pudieron estar presentes actuando en el escenario que nos ocupe.

Tenemos casi todo preparado para la gran cita. En los días pasados realizamos algunos homenajes frente a la casa de nuestro presidente. Su gratitud nos dejó sumamente sorprendidos al hacernos pasar a su domicilio y agasajarnos con pastas y licores. Incluso alguno marchó con algún habano en el bolsillo. Debe de ser un gran amigo de nuestra directiva aquel periodista del Compostelano el cual nos volvió a regalar unos renglones en su diario que pude mostrar orgulloso a mis padres.

Mis padres, a los que cada vez veo menos, volverán de nuevo este año a pasar unos días en casa de tía Minia. Este año, por suerte no visitaremos la plaza de toros para presenciar una corrida (aunque si ello supusiese volver a verla a Ella, ¡firmaría ipso facto!), sino que podrán presenciar en primera fila nuestro debut.

Para la ocasión tenemos casi todos los preparativos ultimados. Hemos tenido serios problemas para conseguir el vestuario tradicional. Lo cierto es que más de uno y una han tenido que acudir a sus abuelos para ver si conservaban aún en el “faiado” prendas de aquella época, auténticas reliquias que quedaron guardadas en baúles y armarios: Dengues, Mandiles, Faixas, Polainas… preciosas vestimentas que ya no se estilan en las urbes y que cada vez se ven menos en los reductos donde aún se podían apreciar.

Imagen del traje gallego. Foto Ferrer (Principios del s.XX)

Mi abuela me ayudó con mi uniforme. En casa conservaba aún prendas de mi bisabuelo (su padre) que he podido aprovechar para la ocasión. Ella también está ilusionada con verme subido al escenario. Vendrá junto a mis padres para pasar los días en Compostela atraída también por la idea de conocer a las heroínas de Sálvora que recibirán una condecoración en la fiesta de la Raza Gallega por la valiente labor que realizaron en el naufragio del Santa Isabel. Puedo asegurar que bien lo merecen, pues ya conocéis que me tocó de cerca y bien pude presenciar la dureza de aquella noche y calibrar el valor necesario para aventurarse a la mar en semejantes circunstancias.

En definitiva, se augura que soplarán buenos vientos alrededor de ese día que cumpliré los 18 años. Si releo las páginas de este diario y me remonto a lo sucedido en el último año me sorprende la cantidad de cosas que han acontecido. Me enturbia el pensamiento recordar lo vivido allá en Riveira con el naufragio del Santa Isabel o el incendio en la capilla de la Catedral, pero puedo agradecer que nadie de los míos haya estado afectado por estos dramas del destino. Ahora todo parece marchar bien y solo espero que se mantenga por mucho tiempo.

También te puede interesar: Julio de 1921.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s