4/06/1920. Mis recuerdos del Año Santo de 1915.

Estos días de mudanza en el taller de Don Germán me han dejado exhausto. Invertí más tiempo del convenido, pero Don Germán me lo gratificó con creces. Al final, como celebración, nos invitó a todos a un buen yantar que, regado con los mejores caldos del país, me han hecho darme cuenta de lo bien que se come en Galicia y de los valiosos productos que nos ofrece esta tierra.

Al salir de aquella casa de Comidas, Juan Rodriguez me propuso que le acompañara al local del Círculo Católico de Obreros, en la rúa del Villar para que conociera a sus compañeros y disfrutara de una gran sesión de cinematógrafo que tenían programada para aquella tarde.

Me emocionó la idea, pocas ocasiones había tenido yo de presenciar aquel invento que decían era maravilloso y no perdí ocasión de comprobarlo.

El film que se proyectaba era un documento sobre el anterior Año Santo, el de 1915. Recuerdo muy bien las festividades a nuestro Patrón de aquel año por ser el último que pertenecí al coro de la Catedral. Hizo un tiempo horrible. Se tuvieron que suspender numerosos actos, entre ellos la magnífica pirotecnia en la fachada principal que tenía que ser la admiración y júbilo de todos y que acabó siendo un tremendo fracaso haciendo que la gente marchara de la plaza de Alfonso XII triste, aburrida y renegando del desastre.

Otros actos que se celebraban al aire libre, como el Concurso Hípico del campo de Santa Isabel o las cucañas sí se pudieron hacer pero tampoco lucieron por culpa del tiempo.

Lo que sí presencié, y además, muy de cerca, fue el tradicional baile del “Coco” y la “Coca” dentro de la Catedral frente a la imagen de Santiago, delante del altar mayor. Se realiza siempre en las fiestas del Apóstol, cuando finaliza la función religiosa y una multitud de curiosos y forasteros se agolpan para poder verlos danzar. Estos dos gigantones no son los únicos, aún hay media docena más que son más altos y pesados y se distribuyen por la nave central.

 

coco y coca
Coco y Coca. P.Mas. 1922

 

Es probable que el Apóstol intercediera para que el tiempo fuera benévolo el día que se realizó la Procesión del Patronato y permitiera así que los encargados del rodaje de aquel film pudieran acabar su trabajo en condiciones. No hubo mejor día en todo el mes de julio, y gracias a ello, aquella magnífica procesión quedó inmortalizada para que las generaciones venideras comprueben con sus propios ojos el orgullo de nuestra fiesta jacobea en honor al Patrón.

Yo disfruté observando en el film lo que había vivido con mis propios ojos. Reviví gracias al cinematógrafo las sensaciones que tuve aquel julio de 1915 al presenciar las calles de Compostela atestadas de gente, el desfile de los gigantones precedidos por los gaiteros, las preciosa imagen de Santiago Apóstol ecuestre saliendo de la puerta de Platerías seguida por dos largas filas de peregrinos, las imágenes de San Blas, Santa María Salomé, San Fructuoso, Santa Bárbara (de ella no se tuvieron que acordar aquel día), el elegante traje de los Caballeros de la Orden de Santiago, más de algún obispo y cardenal que me eran más que familiares y la majestuosa Banda Municipal, así como mi idolatrada Banda del Regimiento de Zaragoza que, con sus mejores galas cerraban la comitiva.

Gigantones. P. Mas 1922

Me resultó curioso identificar en el film a personajes conocidos de la ciudad y a personas que me resultaban familiares vestidos con sus mejores galas. Pero justo al final tuve una divertida sorpresa al identificar entre la gente a mi amigo Juan, “Oterito”, el mismo que sufrió un desengaño amoroso con la lechera este mismo mes.

Juan aparece justo al final de la sesión, cuando la comitiva ya está regresando a la Basílica por la puerta de la Azabachería. Allí se encuentra mi amigo, cinco años rejuvenecido y más atento a quien está tras la cámara que registra, que a la propia procesión. En realidad “Oterito” no deja de mirar hacia el espectador y saluda entre divertido y curioso con su Canotier, sin saber quizás que estaba siendo inmortalizado para siempre. Lo primero que haré el próximo día que lo vea será comentarle esta graciosa coincidencia pues estoy seguro que la desconoce por completo.

Por lo demás, tuve una gran acogida en la asociación. Otro día hablaré de la gente que conocí y de los grandes planes que me han propuesto y que aceptaré encantado.

 

O Ano Santo em Compostela” de Manoel Cardoso Pereira (Invicta Film)

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