22/05/1920. Aires d’a Terra, el coro de don Perfecto.

En más de una ocasión he hablado de mi tía Minia. Le debo el más honrado de mis respetos y un tierno cariño por cuanto ha hecho por mí, por cuanto está haciendo. Cuando murió su marido hace ya algunos años su mundo se nubló. Pensamos que no lograría sobreponerse pero nos equivocamos de pleno. A mi tío también le debo mucho, por su desinteresada intercesión a la hora de proponerme como niño del Coro. Su muerte prematura nos dejó a todos huérfanos de su apreciado carisma, de su más grata simpatía.

Por fortuna, la vida de mi tía (y la mía propia por cuanto estoy recibiendo de ella) quedó plenamente cubierta a base de las rentas que genera la gran riqueza que mi tío labró con su fábrica de curtidos. Ella no tiene preocupación económica de ninguna clase y puede mantener las aficiones que ya practicaba cuando aún vivía mi tío. Una de esas aficiones es organizar veladas en el salón de su casa, invitando a su círculo de amigos y conocidos más restringido. Para ella es una gran forma de aliviar el tedio en las largas tardes de invierno, oscuras y lluviosas. En estas veladas no falta la música: mi tía es una buena pianista y posee un interesante repertorio de danzas, óperas y zarzuelas.

En la actualidad, este tipo de reuniones forman parte de modas pretéritas. Es la forma de diversión de las élites sociales que ya comienzan a desgranar numerosas primaveras en su haber, como mi tía. Pero ella no pierde la ocasión de organizarlas cuando encuentra invitados para ello. Y por supuesto, no menoscaba mis habilidades como niño del Coro y me hace partícipe de su espectáculo. Yo me dejo querer y encuentro cierto regocijo a la hora de entonar melodías para impresionar a algunas señoritas, pero como he comentado, la edad media de estas reuniones no suele estar próxima a mis 16 años.

A mi me gustan otro tipo de diversiones musicales si tengo que ser sincero. Como buen alumno que fui del Coro de la Catedral, me interesa más el canto coral: aunar todas las voces y combinarlas con el punto exacto de afinación, al más puro estilo de los Orfeones que fueron apareciendo en Galicia de la mano de excelsos músicos como Chané o Valverde. Considero, a la postre, que el repertorio de estas agrupaciones casa más con el sentir gallego pues cuentan con piezas no importadas y que nada tienen que envidiar a las de otros autores. Me refiero, verbigratia, a las músicas de Pascual Veiga o Juan Montes que, en forma de Alboradas, serenatas y molineras deleitan al espectador haciéndole sentir un sentimiento de pertenencia a su tierra que no consiguen hacer los valses o mazurcas.

Sin embargo, hay una forma más genuina, fresca y auténtica de realizar música para sentir la raíz de nuestro pueblo, o al menos, a mí me lo parece. No podemos negar que los Orfeones están pasados de moda, en parte, gracias al proyecto impulsado en Pontevedra por Perfecto Feijoo, el cual, con su elenco de cantores pero también de instrumentistas y hasta ¡incluso mujeres! ha dado un nuevo aliento, un nuevo aire a nuestra tierra con su Coro Aires d’a Terra.

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Vida Gallega. Abril 1914

¡Gran heraldo de nuestra música es don Perfecto! que con su grupo navegó más allá del Atlántico y realizó una tourneé por el Nuevo Continente. Lo más sorprendente es que esta gira allende los mares generó el final del coro cuando sus éxitos eran más granados. A todos podría sorprender, mas hay quien dice que Don Perfecto es de honrosa convicción y prefirió dar final a tan glorioso proyecto antes de que los intereses económicos adulteraran su esencia. Buena decisión, pues, si lo que buscan los coros es representar la cultura de nuestros ancestros a base de mucha dedicación y empeño por parte de entregados y entusiastas componentes. Gente normal, con sus vidas y profesiones de toda condición que ofrecen su esfuerzo para lograr el sencillo pero glorioso ensalzamiento de su tierra.

Perfecto no ha hecho más que sembrar una semilla que a lo largo de toda nuestra geografía está dando envidiables frutos de arte y musicalidad: Cantigas da Terra en Coruña, Toxos e Froles en Ferrol, De Ruada en Ourense o Cantigas e Aturuxos en Lugo están demostrando ser merecidos sucesores de ese primer grupo que lo inició todo.

¡Larga vida a los emisarios de nuestra cultura!

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