29/09/1919. Mis primeros meses como niño del Coro de la Catedral.

Este fin de semana pasado estuve paseando por la Alameda junto a antiguos amigos del coro. Nos encontramos por casualidad, mientras caminaba por la Herradura observando la fachada de la Catedral. Les comenté las buenas nuevas que tenía de Basilio y todos nos congratulamos de su buena fortuna. Fue un paseo lleno de recuerdos de nuestra infancia, de cuando llegamos de fuera y la casualidad quiso que coincidiéramos todos nosotros en aquella residencia. Si lo pienso ahora, no le dí por entonces la importancia que creo que ha llegado a tener para mi vida. Imaginad: año 1910, mi padre consigue que mi tío me recomiende al Maestro de la Capellanía de la Catedral para pasar una prueba para formar parte del Coro de niños. Mi padre apuesta por esta oportunidad porque quiere que estudie, que aprenda y que me labre un futuro alejado de la aldea y de la vida campesina. Recuerdo aquella prueba como si fuera ahora: el Maestro, sentado al piano y pidiéndome que cantase algo. Yo, comienzo bastante mal, muy desafinado, pero finalmente le encuentro el tono y consigo olvidarme de donde estaba.

Aquel día ya no dormí en casa de mis padres. Con siete años comenzó mi vida en Santiago como Niño del Coro de la Catedral. Nunca podré agradecerle lo suficiente a mi tío aquella prueba que consiguió para mí. Ahora él ya no está, pero sí mi tía Minia. A ella sí se lo puedo seguir agradeciendo.

Para mí fue difícil acostumbrarme a aquel nuevo sitio. Me costó mucho dormir la primera noche, creo que lo mismo le pasó a otros compañeros. Por suerte, tenía como compañero a Basilio, al que ya conocía, pero el resto de niños eran completos desconocidos para mí. Me levanté de la cama y me acerqué a la ventana. La noche era oscura. Un cielo encapotado restaba cualquier posibilidad de poder ver, si no fuera por las lámparas que iluminaban aquí y acullá la plaza que se extendía ante mis ojos. Frente a mí, la inmensa mole de la barroca fachada de la Catedral y el Pazo del Arzobispo. A mi derecha, Fonseca. Y a mi izquierda el Hospital General. Nadie paseando por las calles. Una soledad inmensa se respiraba en la Gran Plaza de Alfonso XII.

plaza de alfonso XII
Plaza del Hospital (c.a 1916-1923)

Más adelante disfruté mucho más de mirar por aquellos ventanales. Cuando tenía tiempo para hacerlo si las clases y ensayos me lo permitían, me quedaba allí, observando a la gente entrar por la puerta principal del Hospital. Algunos entraban casi sin poder caminar, otros lo hacían mucho más enteros… y algunos salían, ya no por la puerta principal, sino por la de abajo y con los pies por delante. Casi a diario salían de allí para dar su último viaje en una carruaje fúnebre. El más fúnebre de los que he podido observar en mi corta vida. Tiraban del carro dos caballos que bien podrían hacer uno entre los dos. Sus cabezas iban adornadas con unas plumas negras que con toda seguridad habían sido arrancadas de la cola de unos cuervos. Sus fuerzas eran escasas, pues en más de una ocasión necesitaban ayuda para subir la cuesta do Cristo. Y los cocheros vistiendo unas casacas raídas y sucias, que parecían no hubiesen pasado nunca por ningún lavadoiro ni del Sar ni del Sarela. Por fortuna, aquellos futuros entremeses de gusano no podían contemplar la triste despedida de su paso por aquí. Si así fuera, creo que hubieran muerto de la propia impresión.

Y por si fuera poco, decían las malas lenguas que algunos de los infelices que salían de allí en humildes féretros, la mayoría pobres, lo hacían incompletos (y yo me lo creo), pues los utilizaban para las prácticas de la Facultad de Medicina que está un poco más arriba, yendo hacia el convento de San Francisco.

Estas y otras cosas veía yo desde mi ventana, no todas tan nefastas. Algunas un poco más esperanzadoras aunque no menos dramáticas, como por ejemplo a mujeres que cubrían sus rostros y se acercaban, sobretodo en momentos de menor concurrencia, a las puertas de la inclusa para dejar allí a su vástago, destinado a ser un expósito para siempre.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s